viernes, 20 de febrero de 2009
Las 2 posturas posibles
a) Que la víctima, indiscutible testigo de que su agresor tiene un lado bueno, por no perjudicarle de un modo tan drástico (pues le sigue amando por ese lado bueno) se resista aún más a denunciarle.
b) Que las mujeres maltratadoras, encuentren en la justicia un inmejorable aliado para llevar a cabo la extorsión, la persecución o la venganza con que deseen castigar a su pareja.
c) Que el agresor encuentre en esos obstáculos penales una provocación para su paranoico impulso castigador y, en lugar de neutralizarlo, lo alimenten, ya que ve reforzado su criterio de que lo malo debe castigarse con implacable dureza.
d) Que el agresor opte cada vez más por el suicidio tras cometer una agresión mortal.
e) Que ese agresor no castigue, finalmente a esa víctima, pero que lo haga con otra, o que lo sigan haciendo los miles de agresores que nunca serán denunciados, ni serán intimidados por esas medidas.
Ojala no fuera así y los agresores, antes de arremeter contra su pareja, se parasen a pensar en las consecuencias penales que tendrá ese acto y se quedaran paralizados por el miedo a pasar 30 años en la cárcel en lugar de 20, o a tener que llevar un molesto brazalete durante unos meses. Pero esa confianza peca, en este caso, de una ingenuidad letal. Porque si un maltratador está dispuesto a morir tras matar, ¿qué medida penal o rechazo social va a detenerle en su irracional cruzada castigadora?
Por otro lado, si tenemos tan insistente constancia del hipnótico amor que muchas maltratadas profesan a su verdugo, ¿por qué lo ignoramos? Es más, ¿por qué despreciamos la inteligencia de esas mujeres? Desde aquí propongo que las escuchemos, que intentemos averiguar de qué parte de ese monstruo están enamoradas exactamente. Porque si esa parte existe y es capaz de enamorarlas, es muy posible que esa parte sea el ancla con la que podemos rescatarlos a todos. A ellos de su trastorno y a ellas de su ceguera.
Con todo, tenemos 2 opciones:
1. Seguir lamentándonos, haciendo declaraciones públicas sobre lo despreciable y repugnante que nos resulta el agresor de turno, endureciendo las penas hasta el infinito o compadeciéndonos de la pobre maltratada. En definitiva, seguir ampliando los vertederos humanos en que se han convertido nuestras cárceles.
2. Combatir, de una vez por todas, al verdadero enemigo que lo es, también, del mismo agresor y que vive en su cabeza, a pesar, incluso, de su lado bueno. Combatir su trauma y salvar el lado bueno que, según quienes más les conocen, muchos todavía conservan. En definitiva, empezar a curar al enfermo, a vaciar las cárceles y a reciclar a esas personas cuya capacidad de amar y de hacer el bien nunca ha sido del todo descartada ni biológica, ni psicológica, ni jurídicamente.
Con el convencimiento de que es esta segunda opción la respuesta más eficaz, seguiremos trabajando por este fin: salvar vidas y no lo olviden, principalmente de las más vulnerables, las mujeres.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Ya estamos inscritos en el Registro Nacional de Asociaciones
Recordad siempre que, a veces, los sueños se cumplen. Y aquí vamos a luchar con todo por ver cumplirse el sueño de tantos y tantas afectadas de llegar a vivir sin celos, sin violencia y sin enfados irracionales en nuestras relaciones de pareja.
Un abrazo y gracias por vuestra confianza en este proyecto.
jueves, 11 de diciembre de 2008
El reto de la Psicología
¿Y si no es el machismo? ¿Y si no es el alcohol? ¿Y si no es, siquiera, un problema de educación? Por una parte, el machismo no explica la existencia de mujeres maltratadoras o el maltrato entre homosexuales. Por otra, el alcoholismo no explicaría un fenómeno que se da aún sin la presencia del alcohol en la mitad de los casos. Y por último, la falta de educación no explica que haya agresores jueces, ingenieros, abogados, maestros, médicos o policías entre los que, incluso, alguno impartió charlas sobre violencia contra la mujer antes de asesinar a su ex pareja y suicidarse. ¿Qué ocurre? ¿Cuál es el eslabón que se nos escapa en todo esto? No es mi intención polemizar gratuitamente, mucho menos con este tema, pero tengo razones para pensar y afirmar que al verdadero enemigo en esta lucha estamos volviéndolo invisible a fuerza de posturas correctas y sentimentalismo barato. Porque me he pasado 8 años buscando las razones médicas y científicas que fundamentan la afirmación de que el maltratador no es un enfermo y no he encontrado una sola explicación convincente, más que el simple hecho de que sus síntomas no encajen con ninguna enfermedad del diccionario. Resulta que con todo lo que hemos avanzado en el siglo XX, el siglo en que nació la psicología, no hay especialista que se atreva siquiera a sugerir que todavía puedan existir trastornos no diagnosticados. Se siguen descubriendo especies de fauna y flora no clasificadas gracias al esfuerzo y la pasión que en ello ponen los especialistas de una disciplina con más de veinte siglos de antigüedad. Y sin embargo, en la gran selva del cerebro humano y sus enfermedades, se ha dado todo por descubierto. Lo que me pregunto es por qué las maltratadas, las que conviven día a día y año tras año con el problema, afirman que su pareja es un enfermo, por qué le perdonan continuamente, por qué se resisten a odiarle o por qué le aman, a pesar de todo. Y también me pregunto por qué nadie las escucha, por qué las toman por desequilibradas, por criaturas débiles, manipulables y anuladas por no sé qué síndrome. ¿Tan descabellado resulta pensar que las víctimas tengan algo sensato que decir? ¿Y si tuvieran razón? ¿Y si los agresores y agresoras fueran afectados de una enfermedad que todavía no está en el diccionario? Señores, si hay una disciplina en la que no se ha dicho todo, en la que queda mucho por investigar y descubrir, esa es la psicología. Por tanto, ninguno de los millones de psicólogos que salen de nuestras facultades debería dormir tranquilo mientras sigan muriendo mujeres a manos de una supuesta enfermedad que nadie investiga, pensando que ya está todo descubierto y que basta con aprender y combinar las fórmulas de los psicoanalistas y conductistas para convencer a unos cuantos ilusos de que merecen los 50 euros que les cobran por una hora de consejos y divagaciones. Pues miren, si hay alguien a quien debemos escuchar y creer es a quienes mueren en su batalla por salvar al enfermo que nadie ve, que nadie quiere ver. Seguramente porque nos duele admitir que algo de su trastorno vive en nosotros, algo que nos acusa constantemente y nos recuerda los traumas que sufrimos o causamos siendo hijos o padres. Sin embargo, hasta que no llegue el día en que decidamos mirar de frente el problema, admitir que puede existir un trastorno de cuyo origen y desarrollo somos todos responsables, de que la intuición de la mujer no ha perdido su genuino potencial incluso bajo los golpes de un maltratador, no encontraremos la respuesta. Y para ello sólo necesitamos la pasión de un explorador, la curiosidad de un arqueólogo o el ansia de un biólogo arrebatado por la esperanza de descubrir algo nuevo, porque sólo así abriremos, sin complejos ni quejas vanas, las puertas a un futuro sin violencia.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Nace un sueño
Los fines de la asociación son, por tanto, los siguientes:
1) Alentar el reconocimiento de su peligrosidad y la investigación de los celos patológicos agresivos como síntoma principal de un trastorno de la personalidad no diagnosticado todavía, protagonista en el fenómeno de la violencia de pareja ejercida por hombres y mujeres.
2) Asignar un nombre al trastorno que contemple su origen, sus particulares síntomas y sus posibles tipologías, para reclamar que sea incluido en el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).
3) Informar y concienciar a los afectados y a sus familiares acerca del funcionamiento de este trastorno, como causante de sus ataques de ira, con el fin de que aprendan a manejar correctamente los síntomas más peligrosos.
4) Informar a autoridades, instituciones y especialistas sobre la posible presencia de este trastorno en muchas realidades de violencia de pareja, y la necesidad de desarrollar terapias eficaces como otra vía de combate contra esa lacra universal.
5) Alentar la creación de centros específicos para esta clase de enfermos que sirvan para la investigación de su trastorno y la práctica de terapias.
6) Proponer un cambio de orientación de los protocolos de intervención con personas maltratadoras y personas maltratadas en función de las teorías psicológicas que contemplan la posibilidad de que los agresores padezcan un trastorno de personalidad no diagnosticado oficialmente, con el fin de evitar, con una terapia integral y efectiva, la reincidencia de ambos en sus patrones de conducta habituales e impedir así más muertes.
Y para el cumplimiento de sus fines la asociación podrá realizar las siguientes actividades y/o actuaciones:
1) Reclamar, mediante cartas, e-mails, concentraciones o entrevistas en los medios de comunicación, presupuestos para la investigación específica de la enfermedad del maltratador.
2) Recoger testimonios de afectados que ilustren el deterioro que esta enfermedad produce en su salud y su entorno para reforzar nuestra petición de que este trastorno se combata con mayor seriedad, como se hace con otras enfermedades.
3) Realizar encuentros virtuales de los socios, afectados y simpatizantes del proyecto en todo el mundo para compartir sugerencias, ideas, experiencias, preocupaciones o consultas (conseguir promoción para crear y mantener una web que incluya un foro con el mismo fin).
4) Promover la sensibilización acerca de este trastorno mediante charlas en cualquier lugar que lo requiera.
5) Disponer de un fondo de afectados dispuestos a participar voluntariamente en la investigación del trastorno.
6) Crear sedes o centros de información acerca de este problema donde los afectados y familiares puedan acudir a recibir orientación.
7) Impartir cursos a profesionales y estudiantes sobre la enfermedad del maltratador, según el enfoque santallista.
8) Realizar voluntariado en casas de acogida y cárceles para orientar a los afectados por este fenómeno y otorgarles recursos con que enfrentarlo mejor.