Esas palabras entrecomilladas del titular las decía estos días en la radio, entrevistada con motivo de las 7 muertas que llevamos este mes, una mujer que había sido maltratada y había superado aquella situación. Seguramente lo afirmaba con esa rabia, porque es lo que le han dicho hasta la saciedad en los protocolos de recuperación de maltratadas, los psicólogos, asistentes o psiquiatras que nunca han convivido con un maltratador. Y ella, al final, se lo ha creído. Pero se lo ha creído sin plantearse algunas cosas como éstas que yo, que también he sido maltratada, sí que me he planteado y he investigado sin dejarme condicionar por los especialistas que nunca han conocido esta realidad en primera persona:
- ¿En qué momento entre su infancia y su adultez perdió el maltratador toda su bondad para convertirse en alguien tan malvado? ¿Acaso nació malo?
- Cuando me enamoré de él ¿cómo es que no advertí que era tan malo, retorcido y manipulador? ¿Acaso todos los maltratadores vienen con un curso de interpretación bajo el brazo, como para ser capaces de fingir hasta el punto de engañar a mujeres cultas e inteligentes?
- Y las mujeres maltratadoras ¿tampoco son enfermas? ¿también son personas retorcidas, malas y manipuladoras? ¿por qué? ¿en qué momento de su historia se volvieron así? ¿Acaso nacieron así?
- La afirmación de que no es un enfermo se deduce porque su conjunto de síntomas no corresponde con ninguna de las enfermedades concretadas en el diccionario de salud mental, sin embargo este diccionario contempla “trastornos de personalidad no definidos” donde sí podrían encajar estos individuos y además todos los especialistas que investigan la personalidad maltratadora reconocen que la mayoría presentan varios síntomas psicopatológicos. Por tanto… cable alguna posibilidad de que sí sean enfermos.
- El miedo a que reciban una disculpa social también condiciona la opinión infundada de que no son enfermos. Así como la posibilidad de que esta consideración de enfermos pudiera servirles de atenuante de la pena y los dejara en la calle, con el peligro que eso representaría para las víctimas.
- Se ha generalizado, gracias a los medios, la televisión, la publicidad, el cine, la literatura, etc. la imagen del maltratador como un psicópata. Sin embargo el perfil psicopático del maltratador, según los estudiosos del fenómeno, es el más minoritario. Esto invita a pensar que se extiende la consideración psicopática del maltratador común por la antipatía que despiertan estos perfiles y la creencia de que esto despertará más rechazo social y ayudará mejor a la víctima a distanciarse de su agresor.
- Afirmar que “el maltratador no es un enfermo” acaba siendo, pues, un insulto a la inteligencia y la autoestima de las mujeres maltratadas, pues las tacha de personas incapaces de intuir los engaños de un timador sin escuela y de enamorarse de un monstruo sin escrúpulos. Sin embargo, en realidad, la maltratada se ha enamorado de la parte buena que convive con la mala en la cabeza del agresor, y esa dualidad habla de su patología, cosa que la víctima intuye desde el primer momento. Si embargo, cuando le hacen creer que no está enfermo, entonces ella se cree capaz de rescatar a su lado bueno, de cambiarle por amor. No obstante, si supiera que está enfermo, que su enfermedad tiende a empeorar, que los arrebatos serán cada vez peores y que no hay tratamiento, sabría con certeza que no puede cambiar, cosa que le ayudaría a distanciarse más definitivamente.
- Por otro lado, si el maltratador es retorcido, malo y manipulador ¿qué pretenden rescatar los protocolos de rehabilitación de agresores? ¿para qué sirven? Se supone que una persona mala y retorcida no quiere cambiar. Quiere cambiar quien conserva algún resquicio de bondad y de ilusión por ser feliz de otro modo. Sin embargo, la imagen psicopática que dan de él los medios, hacen del maltratador alguien aparentemente irrecuperable. Por eso, los protocolos de rehabilitación no suelen recibir ayudas institucionales: eso no da votos, pues no es coherente con la imagen de malvado que se alimenta por todos los medios.
- Por último, revisemos cómo se define la “enfermedad mental”:
o La enfermedad mental, concepto enmarcado en la psiquiatría y medicina, es una alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, considerado como anormal con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo. Se encuentra alterado el razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad o de adaptarse a las condiciones de la vida. Dependiendo del concepto de enfermedad que se utilice, algunos autores consideran más adecuado utilizar en el campo de la salud mental el término "trastorno mental". Sobre todo en aquellos casos en los que la etiología biológica no está claramente demostrada, como sucede en la mayoría de los trastornos mentales. Además, el término "enfermedad mental" puede asociarse a estigmatización social. Por estas razones, este término está en desuso y se usa más trastorno mental, o psicopatología. El concepto enfermedad mental aglutina un buen número de patologías de muy diversa índole, por lo que es muy difícil de definir de una forma unitaria y hay que hablar de cada enfermedad o trastorno de forma particular e incluso individualizada ya que cada persona puede sufrirlas con síntomas algo diferentes. En cuanto a la etiología de la enfermedad mental, podemos decir que, debido a su naturaleza única y diferenciada de otras enfermedades, están determinados multifactorialmente, integrando elementos de origen biológico (genético, neurológico,...), ambiental (relacional, familiar, psicosocial,...) y psicológico (cognitivo, emocional,...), teniendo todos estos factores un peso no sólo en la presentación de la enfermedad, sino también en su fenomenología, en su desarrollo evolutivo, tratamiento, pronóstico y posibilidades de rehabilitación. La enfermedad mental suele degenerar en aislamiento social, inactividad, abulia, desorden del ritmo de vida en general y, en ciertos casos y circunstancias, comportamientos violentos e intentos suicidas.
Leyendo esta definición ya no parecen tan incompatibles los síntomas que manifiesta la mayoría de los maltratadores con la afección de un trastorno mental. Señores, el maltratador común no es un psicópata. Y si no es un psicópata, no es una persona retorcida, mala y manipuladora. Quizá en determinados momentos emplea métodos que sí lo son, pero eso habla de sus acciones, no de su ser, de su esencia. Del mismo modo, la mujer maltratadora tampoco es en su esencia una persona mala. Esto significa que hay alguna traba en su cerebro que le lleva a cometer actos malos, incompatibles con la felicidad de sus allegados y la suya propia. Pues este comportamiento no habla de que esa actitud le produzca alguna satisfacción y por eso la mantiene. De hecho, ningún maltratador o maltratadora, a excepción de los psicópatas, es feliz cuando maltrata. Normalmente están inyectados en una rabia, ansiedad y obsesión insaciable por castigar actos que su criterio paranoico considera “malos”. El maltratador cuando maltrata cree estar ejecutando un castigo justo, igual que cuando se suicida tras haber matado a su pareja. El impacto de ver muerta a su pareja lo despierta de su estado semi hipnótico de crisis y le hace valorar la desproporción de su acto, obligándole a aplicar sobre sí mismo el criterio con que antes la castigó a ella. Y es que el criterio que más condiciona la vida de un maltratador es “el criterio de castigar lo malo”, pero convertido en impulso y movido por delirios paranoicos, casi siempre celotípicos. El agresor no siente que maltrata, siente que castiga una maldad, igual que él era castigado de pequeño cuando su madre consideraba que hacía algo malo, por eso tampoco se identifica en las campañas publicitarias contra el maltratador. Nadie condenaba ni llamaba “maltratadora” a su madre cuando le pegaba por acciones cuya maldad él no era capaz de entender. Por eso también él ahora cree estar castigando con justicia. Pero ¿contra qué maldad?, se preguntarán. Contra la traición de la que se cree víctima, por sus celos patológicos. Entonces ¿es o no es un enfermo? De acuerdo, no lo llamemos “enfermedad”, llamémoslo “trastorno mental”, como aconseja su definición.
Se trata, sin embargo, de un trastorno especial, que debería ser tratado penalmente con leyes especiales. Su enfermedad nunca debe ser atenuante de pena. Primero, porque el agresor es consciente de la maldad de su acto y asume el castigo que le corresponde, hasta el punto, muchas veces, de parecerle leve una pena de cárcel y preferir la pena de muerte que él mismo se aplicaría. Segundo, porque sigue siendo un peligro potencial, ya que no existe terapia eficaz para este trastorno. Tercero, porque se debe aprovechar su reclusión para investigar y practicar terapias. Y cuarto, porque debe impedírsele el suicidio, con tal de que su reclusión repercuta en la sociedad por medio de la investigación de terapias aplicables a afectados en libertad que aún no han maltratado.
Este es uno de los medios que VISC propone para acabar con la violencia de pareja. Otro medio sería trabajar en formar a los padres para que eviten volcar en sus hijos aquellas agresiones concretas que repercuten en el desarrollo de una personalidad maltratadora.
miércoles, 2 de febrero de 2011
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Los porqués de otro año negro en la violencia de pareja
Los porqués de otro año negro en la violencia de pareja, 6 años después de una ley anticonstitucional inspirada en la máxima maquiavélica de que “el fin justifica los medios”, no son, en realidad, tan inexplicables. Y no, no voy a decir que la Ley Integral de 2004 es la culpable, aunque no esté de acuerdo con algunos de sus planteamientos y a pesar de su ostentoso fracaso. Tampoco opino, como algún sector de la Iglesia, que el progresivo abandono del modelo de familia tradicional tiene relación con el aumento de la violencia en la pareja. Sin embargo, tampoco respaldo a quienes contraatacan diciendo que es, en realidad, la Iglesia y su sentencia “hasta que la muerte nos separe” uno de los factores que intervienen en el fenómeno. De ninguna manera apoyo, por otro lado, la paupérrima excusa de que el debate sobre las denuncias falsas ha ejercido de freno en la voluntad de denunciar de las víctimas. Para argumentar esto y mi convencimiento de que tampoco el machismo es el problema, he escrito un libro, pero quisiera compartir desde aquí un resumen de mi opinión al respecto en un momento en que todo son elucubraciones deshilachadas y redundantes que poco aportan. Y lo hago desde la humilde y desafortunada autoridad que me da el haber sido víctima de la locura de un maltratador y desde el deseo de conocer un futuro en que ninguna persona, ni mujer, ni hombre, ni niño, ni anciano, sean agredidos por quienes se supone, deberían amarles.
Voy a partir del dato que muchos mencionan y nadie interpreta de la estadística del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia, que demuestra que los índices de feminicidios en España son menores que en el norte de Europa, en países que llevan muchos más años que el nuestro aplicando ambiciosas políticas de igualdad. Hay quien enarbola esta estadística para acallar las voces que claman escandalizadas por el incesante goteo asesinadas en España, como si nuestra inferior posición en la tabla indicara que algo estamos haciendo bien respecto a esos países. Sin embargo, en la medida en que les imitamos, parecemos aproximarnos a sus estadísticas y temo que sólo sea cuestión de tiempo alcanzarles si no hacemos algo distinto. De hecho, es bien sabido que no pueden obtenerse resultados distintos haciendo lo mismo de siempre. Por tanto, deberíamos aprovechar su experiencia para dar paso a propuestas diferentes, paralelas y compatibles, atendiendo a que tampoco las medidas por la igualdad, siendo justas y necesarias, serán el anclaje que nos amarre a un futuro sin violencia.
Con mi historia a cuestas y todo de lo que ella he aprendido e investigado, puedo aportarles una propuesta en esa línea. Pero antes, resolveré la pregunta que angustia a los investigadores que tratan de desentramar este problema averiguando por qué las maltratadas vuelven con su agresor, se resisten a dejarle, no lo denuncian o sencillamente le aman. Porque sí, como bien sospechan, esa es una de las claves. Pues resulta que el agresor es bueno y malo al mismo tiempo. Tal cual. No es un grandísimo actor que finge ser bueno en pro de sus sádicos planes de sometimiento de la mujer, no. Es que es realmente bueno y malo, alternativamente, en estados psicológicos que se suceden con una frecuencia determinada en cada individuo: el estado normal y el estado de crisis. La maltratada se enamora, entonces, del hombre bueno que es este agresor en estado normal, pues resulta que en ese estado son personas absolutamente normales, respetuosas y particularmente sensibles. Sin embargo, en estado de crisis, se apodera de ellos la potente paranoia de estar siendo despreciados por todos, de que todo el mundo es malo, de que su pareja planea traicionarle y de que él tiene que castigarla por ser mala. Así pues, en crisis, su comportamiento se ajusta a una máxima universal inapelable: lo malo debe ser castigado. El problema es que su paranoia, su criterio patológico le hace ver maldades en cualquier cosa y siente una ansiedad insoportable si no ve saciado su impulso neurótico por castigarlo. Nos enfrentamos pues a una anomalía psíquica vinculada a los celos patológicos que, además, afecta por igual a hombres y mujeres. La consciencia de problema propio, por otro lado, no revierte los síntomas. De hecho, mi ex pareja era muy consciente de su problema y a pesar de ello, no podía controlarlo. Por tanto, de nada sirven los protocolos enfocados a que reconozcan racional y conscientemente lo inadecuado de su conducta.
Esta es la base de mi propuesta, pero antes de criticarla piensen por un momento en si fuera verdad. Si esto fuera cierto y llega a demostrarse, como firmemente creo que ocurrirá, el único problema a resolver, a parte de encontrar una terapia eficaz, sería el tratamiento penal que recibiría este tipo de trastorno. En mi propuesta resuelvo esta cuestión, contemplando que se trate como un nuevo trastorno de la personalidad compatible con el internamiento penal ordinario. Primero, por su peligrosidad inherente y por la seguridad de las víctimas; segundo, porque este trastorno permite comprender la gravedad del delito y asumir el castigo que le corresponde, hasta el punto de parecerles leve la pena de cárcel; tercero, precisamente, porque debe impedírsele el suicidio con el fin de seguir investigando en ellos terapias más eficaces que sirvan para detener el empeoramiento y reducir la peligrosidad de afectados en libertad; y por último, para investigar las claves que originan estas personalidades maltratadoras y trabajar en su prevención.
¿Siguen escandalizados por mi propuesta? Quizá por ser, precisamente, una ex maltratada, no temo hacerla y no tengo ningún prestigio que perder si me equivoco. Pero piensen, de nuevo, en la estadística del Centro Reina Sofía sobre el ranking de feminicidios en el mundo. Desde mi enfoque podemos dar una interpretación bastante razonable al hecho de que en Europa se mate a más mujeres en países altamente igualitarios y menos en países tradicionalmente machistas. Lo explico con un ejemplo: Si asimilamos los celos patológicos a una dictadura, ¿quién muere antes en esta dictadura, los rebeldes o los sumisos? Lógicamente, muere antes quien se rebela, quien desafía a la dictadura. Pues lo mismo ocurre con este trastorno. En los países del norte se estimula la libertad y la rebeldía sin combatir la dictadura de los celos, que se ve provocada y estalla, tanto contra las mujeres, como contra los hombres. No es casual que en Holanda recientemente se haya pasado de tener 4 a abrir 40 casas de acogida para hombres maltratados.
Olvídense de prejuicios, de esquemas preconcebidos, de ideologías, de posturismos y reflexionen, por el bien de todas las víctimas presentes y futuras: Con los medios actuales no se está consiguiendo nada, ni en España, ni en el resto del mundo. Sin embargo, los síntomas son sospechosamente similares en todas partes sin que se logre dibujar un perfil predeterminado ni de víctimas ni de agresores, igual que ocurre con otros trastornos y enfermedades. ¿Les asusta que esta sugerencia sirva para disculpar al maltratador? Pues si sirve para salvar vidas y permite que los agresores asuman una pena igual a la de un individuo sano, a mí no me asusta en absoluto. Y no, no paso la patata caliente a manos de los psicólogos y psiquiatras, la paso a manos de toda la sociedad que debe, de una vez por todas, abandonar la palabrería vacía y volcarse en evitar los factores educativos concretos que confluyen en el desarrollo de una personalidad maltratadora. Siendo un enfoque compatible con los protocolos actuales, ¿qué perdemos investigándolo?
Araceli Santalla, presidenta de la Asociación VISC (www.visc.es) y autora de “El machismo no es el problema”, Alborán Editores, 2010 (www.tiendadelpsicologo.com)
Voy a partir del dato que muchos mencionan y nadie interpreta de la estadística del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia, que demuestra que los índices de feminicidios en España son menores que en el norte de Europa, en países que llevan muchos más años que el nuestro aplicando ambiciosas políticas de igualdad. Hay quien enarbola esta estadística para acallar las voces que claman escandalizadas por el incesante goteo asesinadas en España, como si nuestra inferior posición en la tabla indicara que algo estamos haciendo bien respecto a esos países. Sin embargo, en la medida en que les imitamos, parecemos aproximarnos a sus estadísticas y temo que sólo sea cuestión de tiempo alcanzarles si no hacemos algo distinto. De hecho, es bien sabido que no pueden obtenerse resultados distintos haciendo lo mismo de siempre. Por tanto, deberíamos aprovechar su experiencia para dar paso a propuestas diferentes, paralelas y compatibles, atendiendo a que tampoco las medidas por la igualdad, siendo justas y necesarias, serán el anclaje que nos amarre a un futuro sin violencia.
Con mi historia a cuestas y todo de lo que ella he aprendido e investigado, puedo aportarles una propuesta en esa línea. Pero antes, resolveré la pregunta que angustia a los investigadores que tratan de desentramar este problema averiguando por qué las maltratadas vuelven con su agresor, se resisten a dejarle, no lo denuncian o sencillamente le aman. Porque sí, como bien sospechan, esa es una de las claves. Pues resulta que el agresor es bueno y malo al mismo tiempo. Tal cual. No es un grandísimo actor que finge ser bueno en pro de sus sádicos planes de sometimiento de la mujer, no. Es que es realmente bueno y malo, alternativamente, en estados psicológicos que se suceden con una frecuencia determinada en cada individuo: el estado normal y el estado de crisis. La maltratada se enamora, entonces, del hombre bueno que es este agresor en estado normal, pues resulta que en ese estado son personas absolutamente normales, respetuosas y particularmente sensibles. Sin embargo, en estado de crisis, se apodera de ellos la potente paranoia de estar siendo despreciados por todos, de que todo el mundo es malo, de que su pareja planea traicionarle y de que él tiene que castigarla por ser mala. Así pues, en crisis, su comportamiento se ajusta a una máxima universal inapelable: lo malo debe ser castigado. El problema es que su paranoia, su criterio patológico le hace ver maldades en cualquier cosa y siente una ansiedad insoportable si no ve saciado su impulso neurótico por castigarlo. Nos enfrentamos pues a una anomalía psíquica vinculada a los celos patológicos que, además, afecta por igual a hombres y mujeres. La consciencia de problema propio, por otro lado, no revierte los síntomas. De hecho, mi ex pareja era muy consciente de su problema y a pesar de ello, no podía controlarlo. Por tanto, de nada sirven los protocolos enfocados a que reconozcan racional y conscientemente lo inadecuado de su conducta.
Esta es la base de mi propuesta, pero antes de criticarla piensen por un momento en si fuera verdad. Si esto fuera cierto y llega a demostrarse, como firmemente creo que ocurrirá, el único problema a resolver, a parte de encontrar una terapia eficaz, sería el tratamiento penal que recibiría este tipo de trastorno. En mi propuesta resuelvo esta cuestión, contemplando que se trate como un nuevo trastorno de la personalidad compatible con el internamiento penal ordinario. Primero, por su peligrosidad inherente y por la seguridad de las víctimas; segundo, porque este trastorno permite comprender la gravedad del delito y asumir el castigo que le corresponde, hasta el punto de parecerles leve la pena de cárcel; tercero, precisamente, porque debe impedírsele el suicidio con el fin de seguir investigando en ellos terapias más eficaces que sirvan para detener el empeoramiento y reducir la peligrosidad de afectados en libertad; y por último, para investigar las claves que originan estas personalidades maltratadoras y trabajar en su prevención.
¿Siguen escandalizados por mi propuesta? Quizá por ser, precisamente, una ex maltratada, no temo hacerla y no tengo ningún prestigio que perder si me equivoco. Pero piensen, de nuevo, en la estadística del Centro Reina Sofía sobre el ranking de feminicidios en el mundo. Desde mi enfoque podemos dar una interpretación bastante razonable al hecho de que en Europa se mate a más mujeres en países altamente igualitarios y menos en países tradicionalmente machistas. Lo explico con un ejemplo: Si asimilamos los celos patológicos a una dictadura, ¿quién muere antes en esta dictadura, los rebeldes o los sumisos? Lógicamente, muere antes quien se rebela, quien desafía a la dictadura. Pues lo mismo ocurre con este trastorno. En los países del norte se estimula la libertad y la rebeldía sin combatir la dictadura de los celos, que se ve provocada y estalla, tanto contra las mujeres, como contra los hombres. No es casual que en Holanda recientemente se haya pasado de tener 4 a abrir 40 casas de acogida para hombres maltratados.
Olvídense de prejuicios, de esquemas preconcebidos, de ideologías, de posturismos y reflexionen, por el bien de todas las víctimas presentes y futuras: Con los medios actuales no se está consiguiendo nada, ni en España, ni en el resto del mundo. Sin embargo, los síntomas son sospechosamente similares en todas partes sin que se logre dibujar un perfil predeterminado ni de víctimas ni de agresores, igual que ocurre con otros trastornos y enfermedades. ¿Les asusta que esta sugerencia sirva para disculpar al maltratador? Pues si sirve para salvar vidas y permite que los agresores asuman una pena igual a la de un individuo sano, a mí no me asusta en absoluto. Y no, no paso la patata caliente a manos de los psicólogos y psiquiatras, la paso a manos de toda la sociedad que debe, de una vez por todas, abandonar la palabrería vacía y volcarse en evitar los factores educativos concretos que confluyen en el desarrollo de una personalidad maltratadora. Siendo un enfoque compatible con los protocolos actuales, ¿qué perdemos investigándolo?
Araceli Santalla, presidenta de la Asociación VISC (www.visc.es) y autora de “El machismo no es el problema”, Alborán Editores, 2010 (www.tiendadelpsicologo.com)
martes, 2 de noviembre de 2010
Crónica del IV Congreso sobre violencia de género con la intervención de Araceli Santalla.
El pasado 27 de Octubre, Araceli Santalla, en representación de la Asociación VISC, impartió una ponencia en el IV Congreso sobre Violencia de Género de Villajoyosa. Sus sensaciones resultaron muy positivas, pues le comunicaron y fue consciente de haber aportado un punto de vista totalmente distinto al tradicional que rompió esquemas y como le aseguraron “les ayudó a comprender mejor a la maltratada y al maltratador”. Otros testimonios le informaron que fue la única charla en que aprendieron algo nuevo, ya que otros aportaron datos repetidos y enfoques idénticos a años anteriores. Araceli observó que hay muchas ganas y buenas intenciones en estos Congresos, aunque lamenta que todo ese empeño y energía se pierda en fórmulas que año tras año se demuestran ineficaces. Esto se advierte, además, en la frustración que abogados, jueces o policías manifiestan en cuanto a las medidas de protección oficial, ya que al final, todo se queda en manos de una maltratada que acaba perdonando a su agresor. Esta es una de las realidades que más preocupan y más desconcierto causan, pero gracias al testimonio de Araceli, basado en su propia experiencia como maltratada, pudieron entender mejor los porqués de esta conducta y adquirir una sensibilidad distinta para enfrentarlos y sin duda, atenderlos mejor.
Para ello también puso al alcance de los asistentes los folletos de VISC: El manual de autoprotección y el folleto de orientación para celosos agresivos. El manual de autoprotección para víctimas de violencia en su relación de pareja, ha resultado ser una herramienta muy iluminadora para hacer conscientes a víctimas de ambos sexos del trastorno de su pareja y de cómo enfrentarlo con seguridad. Nos lo dicen los propios afectados. De hecho, los ejemplares que 2 ertzaintzas se llevaron al País Vasco, ya han dado su fruto y hemos recibido la llamada de un hombre que se reconoció como víctima de la violencia celosa de su mujer. Así pudimos orientarle acerca del problema y esta víctima encontró respuestas que andaba años buscando, recuperó la confianza en sí mismo y se reconfortó con el descubrimiento de que no está solo, de que sí existe una Asociación que contempla su realidad y le ofrece una ayuda desinteresada. Estos son los frutos que más nos satisfacen de nuestro trabajo: el poder ofrecer una salida, un poquito de luz a personas que andaban totalmente perdidas en este fenómeno tan complejo y de tantos vértices.
Prueba del interés que despertó su intervención es que la ponente que le seguía, la psicóloga Isabel Iborra, representando al Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, hizo repetidas referencias a las reflexiones de Araceli, corroborándolas con otras palabras. En el descanso, la saludó con cariño y quiso intercambiar direcciones para mantener el contacto y quizá, realizar actividades comunes con su instituto.
Varias personas la buscaron, además, en los momentos de descanso, para intercambiar impresiones que siempre partían de una felicitación. Una mujer que se disponía a iniciar talleres para maltratadas quiso estrechar vínculos con VISC para futuras colaboraciones. Un periodista sensibilizado con la realidad del hombre maltratado, se mostró plenamente identificado con las ideas de Araceli y se lo comunicó con emoción. La concejala de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Villajoyosa también se presentó y la felicitó efusivamente. Una víctima que presentaba visibles secuelas de su tormentosa relación pasada, también se mostró muy identificada con la experiencia y conclusiones que de ella extrajo y expuso Araceli.
Todas las preguntas que se hicieron al término de las intervenciones de los 3 ponentes que compartieron la Mesa Redonda, se dirigieron a Araceli e insistieron en lo novedoso e interesante de su punto de vista.
Por otro lado, retomamos el contacto con una Casa de Acogida de mujeres maltratadas que se mostraron definitivamente interesadas en que Araceli les hiciera una visita y charlara con las chicas acogidas, pues han comprendido que su enfoque las ayudará para distanciarse consciente y consecuentemente de sus agresores, sirviéndoles, además, para reconstruir su autoestima, sabiendo que el problema está al 100% en la cabeza de su agresor y que ni el amor más grande puede curarlo. Pero que sabiendo cómo funciona, podrán detectar y mantenerse siempre al margen de relaciones similares, manteniendo sana su esperanza de encontrar un hombre que las ame correctamente.
En definitiva fue una experiencia enriquecedora que nos sigue animando a compartir y defender estas ideas en cualquier ámbito. Pues si bien no es el planteamiento políticamente correcto, al expresarlo con argumentos, gráficos, lógica y razones contrastadas, además de con la pasión de alguien que lo ha sufrido en su piel, el oyente, fuera de la influencia mediática o ideológica, no puede más que encajarlo y relativizar sus propios esquemas. Y es que de nada sirve atrincherarse en una ideología que parcializa este fenómeno por sexos cuando la realidad nos demuestra, cada día, que hombres y mujeres podemos ser tanto víctimas como agresores y que, en realidad, deberíamos estar todos en el mismo bando, el de las personas que quieren acabar con este problema desde su raíz. Así, con la suma de todos los esfuerzos, experiencias e ideas, seguro que podemos cambiar el trágico rumbo de esta lacra y quién sabe, quizá ser un referente para otros países.
Para ello también puso al alcance de los asistentes los folletos de VISC: El manual de autoprotección y el folleto de orientación para celosos agresivos. El manual de autoprotección para víctimas de violencia en su relación de pareja, ha resultado ser una herramienta muy iluminadora para hacer conscientes a víctimas de ambos sexos del trastorno de su pareja y de cómo enfrentarlo con seguridad. Nos lo dicen los propios afectados. De hecho, los ejemplares que 2 ertzaintzas se llevaron al País Vasco, ya han dado su fruto y hemos recibido la llamada de un hombre que se reconoció como víctima de la violencia celosa de su mujer. Así pudimos orientarle acerca del problema y esta víctima encontró respuestas que andaba años buscando, recuperó la confianza en sí mismo y se reconfortó con el descubrimiento de que no está solo, de que sí existe una Asociación que contempla su realidad y le ofrece una ayuda desinteresada. Estos son los frutos que más nos satisfacen de nuestro trabajo: el poder ofrecer una salida, un poquito de luz a personas que andaban totalmente perdidas en este fenómeno tan complejo y de tantos vértices.
Prueba del interés que despertó su intervención es que la ponente que le seguía, la psicóloga Isabel Iborra, representando al Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, hizo repetidas referencias a las reflexiones de Araceli, corroborándolas con otras palabras. En el descanso, la saludó con cariño y quiso intercambiar direcciones para mantener el contacto y quizá, realizar actividades comunes con su instituto.
Varias personas la buscaron, además, en los momentos de descanso, para intercambiar impresiones que siempre partían de una felicitación. Una mujer que se disponía a iniciar talleres para maltratadas quiso estrechar vínculos con VISC para futuras colaboraciones. Un periodista sensibilizado con la realidad del hombre maltratado, se mostró plenamente identificado con las ideas de Araceli y se lo comunicó con emoción. La concejala de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Villajoyosa también se presentó y la felicitó efusivamente. Una víctima que presentaba visibles secuelas de su tormentosa relación pasada, también se mostró muy identificada con la experiencia y conclusiones que de ella extrajo y expuso Araceli.
Todas las preguntas que se hicieron al término de las intervenciones de los 3 ponentes que compartieron la Mesa Redonda, se dirigieron a Araceli e insistieron en lo novedoso e interesante de su punto de vista.
Por otro lado, retomamos el contacto con una Casa de Acogida de mujeres maltratadas que se mostraron definitivamente interesadas en que Araceli les hiciera una visita y charlara con las chicas acogidas, pues han comprendido que su enfoque las ayudará para distanciarse consciente y consecuentemente de sus agresores, sirviéndoles, además, para reconstruir su autoestima, sabiendo que el problema está al 100% en la cabeza de su agresor y que ni el amor más grande puede curarlo. Pero que sabiendo cómo funciona, podrán detectar y mantenerse siempre al margen de relaciones similares, manteniendo sana su esperanza de encontrar un hombre que las ame correctamente.
En definitiva fue una experiencia enriquecedora que nos sigue animando a compartir y defender estas ideas en cualquier ámbito. Pues si bien no es el planteamiento políticamente correcto, al expresarlo con argumentos, gráficos, lógica y razones contrastadas, además de con la pasión de alguien que lo ha sufrido en su piel, el oyente, fuera de la influencia mediática o ideológica, no puede más que encajarlo y relativizar sus propios esquemas. Y es que de nada sirve atrincherarse en una ideología que parcializa este fenómeno por sexos cuando la realidad nos demuestra, cada día, que hombres y mujeres podemos ser tanto víctimas como agresores y que, en realidad, deberíamos estar todos en el mismo bando, el de las personas que quieren acabar con este problema desde su raíz. Así, con la suma de todos los esfuerzos, experiencias e ideas, seguro que podemos cambiar el trágico rumbo de esta lacra y quién sabe, quizá ser un referente para otros países.
miércoles, 14 de julio de 2010
Araceli Santalla desmonta la peligrosidad del machismo en su última charla.
NOTA DE PRENSA 3 - Asociación VISC
Araceli Santalla, presidenta de la Asociación “Vive Sin Celos”, ofreció el pasado viernes, 9 de Julio una charla en Valencia, España, en la que volvió a desmontar la teoría del machismo como germen de la violencia de pareja.
Esta ex maltratada no se conformó con escapar de su agresor hace 10 años e iniciar una nueva vida lejos de los malos tratos. Ella le declaró la guerra a este fenómeno y decidió investigarlo de manera autodidacta para combatirlo desde sus cimientos. Mientras el mundo se dedica a luchar contra la violencia de pareja con políticas de igualdad, ella asegura que esta medida es ineficaz e insuficiente. En línea con el título de su libro “El machismo no es el problema”, Santalla minimiza el protagonismo del machismo en esta lacra y lo hace con diferentes y sólidos argumentos:
Por una parte, la violencia que un hombre ejerce contra su pareja-mujer pero no contra mujeres que no son su compañera, indica que su enemigo no lo halla en el sexo femenino, sino tras el rol afectivo que ésta mujer representa para él. Además, que esta conducta, generalmente afectada por unos celos extremos, la adopten mujeres contra su pareja-varón, pero también homosexuales de ambos sexos, nos obliga a descartar el machismo como motivador último de la misma.
Por otro lado, continúa, el incremento de jóvenes maltratadores cuestiona años de educación para la igualdad. Si el machismo lo explicara todo, se supone que en la época en que más esfuerzos se hacen para retirar de las nuevas generaciones los patrones machistas, debería observarse una paulatina desaparición de estas conductas en los jóvenes de hoy en día. Sin embargo, en 2008, la mayoría de agresores y víctimas tenía entre 18 y 30 años.
La reciente publicación de una estadística del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia sobre el índice de feminicidios en 40 países, también respalda esta teoría. Si bien, ante una explicación “pro-machista” del fenómeno cabría esperar que en países de tradición más liberal hubiera un índice menor de asesinatos de mujeres que en países de costumbres más patriarcales, la realidad es diferente: países del norte de Europa, como Finlandia, que lleva aplicando desde 1987 una de las políticas de igualdad más ambiciosas de la Unión Europea, presenta un índice de feminicidios que casi duplica al de España, país que junto con Italia se encuentra entre los últimos de esta trágica lista, muy por debajo de Alemania, Bélgica, Austria o Dinamarca. Santalla nos ofrece la siguiente lectura: “El machismo es el contexto social donde el celoso se encuentra cómodo, donde sus celos se mantienen a raya, pues la mujer que se somete a los parámetros machistas evita detonantes que agravarían las crisis del celoso. Si eliminamos este contexto sin eliminar los celos patológicos que el agresor padece, sólo conseguiremos provocarle. Y pasará como en las dictaduras, donde mueren antes los rebeldes que los sumisos. El celoso no deja de ser celoso tras eliminar el machismo, pero sí encuentra más justificadas sus paranoias y cede más fácilmente al impulso de castigarlas. Ninguno de los afectados, hombre o mujer, maltrata por odio al sexo contrario. Lo hacen porque confunden el origen de su malestar, creyendo que es externo (su pareja) cuando, en realidad, es interno (su trastorno afectivo)” concluye la investigadora.
Dejamos, pues, a la reflexión del lector las implicaciones que podrían derivarse de este novedoso planteamiento con el que la Asociación VISC reclama terapias eficaces y accesibles para todos los celosos y celosas agresivos.
Araceli Santalla, presidenta de la Asociación “Vive Sin Celos”, ofreció el pasado viernes, 9 de Julio una charla en Valencia, España, en la que volvió a desmontar la teoría del machismo como germen de la violencia de pareja.
Esta ex maltratada no se conformó con escapar de su agresor hace 10 años e iniciar una nueva vida lejos de los malos tratos. Ella le declaró la guerra a este fenómeno y decidió investigarlo de manera autodidacta para combatirlo desde sus cimientos. Mientras el mundo se dedica a luchar contra la violencia de pareja con políticas de igualdad, ella asegura que esta medida es ineficaz e insuficiente. En línea con el título de su libro “El machismo no es el problema”, Santalla minimiza el protagonismo del machismo en esta lacra y lo hace con diferentes y sólidos argumentos:
Por una parte, la violencia que un hombre ejerce contra su pareja-mujer pero no contra mujeres que no son su compañera, indica que su enemigo no lo halla en el sexo femenino, sino tras el rol afectivo que ésta mujer representa para él. Además, que esta conducta, generalmente afectada por unos celos extremos, la adopten mujeres contra su pareja-varón, pero también homosexuales de ambos sexos, nos obliga a descartar el machismo como motivador último de la misma.
Por otro lado, continúa, el incremento de jóvenes maltratadores cuestiona años de educación para la igualdad. Si el machismo lo explicara todo, se supone que en la época en que más esfuerzos se hacen para retirar de las nuevas generaciones los patrones machistas, debería observarse una paulatina desaparición de estas conductas en los jóvenes de hoy en día. Sin embargo, en 2008, la mayoría de agresores y víctimas tenía entre 18 y 30 años.
La reciente publicación de una estadística del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia sobre el índice de feminicidios en 40 países, también respalda esta teoría. Si bien, ante una explicación “pro-machista” del fenómeno cabría esperar que en países de tradición más liberal hubiera un índice menor de asesinatos de mujeres que en países de costumbres más patriarcales, la realidad es diferente: países del norte de Europa, como Finlandia, que lleva aplicando desde 1987 una de las políticas de igualdad más ambiciosas de la Unión Europea, presenta un índice de feminicidios que casi duplica al de España, país que junto con Italia se encuentra entre los últimos de esta trágica lista, muy por debajo de Alemania, Bélgica, Austria o Dinamarca. Santalla nos ofrece la siguiente lectura: “El machismo es el contexto social donde el celoso se encuentra cómodo, donde sus celos se mantienen a raya, pues la mujer que se somete a los parámetros machistas evita detonantes que agravarían las crisis del celoso. Si eliminamos este contexto sin eliminar los celos patológicos que el agresor padece, sólo conseguiremos provocarle. Y pasará como en las dictaduras, donde mueren antes los rebeldes que los sumisos. El celoso no deja de ser celoso tras eliminar el machismo, pero sí encuentra más justificadas sus paranoias y cede más fácilmente al impulso de castigarlas. Ninguno de los afectados, hombre o mujer, maltrata por odio al sexo contrario. Lo hacen porque confunden el origen de su malestar, creyendo que es externo (su pareja) cuando, en realidad, es interno (su trastorno afectivo)” concluye la investigadora.
Dejamos, pues, a la reflexión del lector las implicaciones que podrían derivarse de este novedoso planteamiento con el que la Asociación VISC reclama terapias eficaces y accesibles para todos los celosos y celosas agresivos.
martes, 29 de junio de 2010
Víctimas y agresores de ambos sexos atendidos por una misma entidad: VISC
NOTA DE PRENSA 2 - Asociación VISC
Víctimas y agresores de ambos sexos atendidos por una misma entidad: VISC
Su principal fin es combatir la violencia de pareja por celos patológicos sin distinción de género. Por tanto, atienden a cualquier afectado celoso, hombre o mujer, que admita maltratar por celos y desee iniciar una mejora. Pero también orienta a hombres y mujeres que conviven con estos agresores y cuya principal necesidad, como indica su presidenta, Araceli Santalla, es saber si su pareja tiene solución. “Nosotros asumimos la labor, no sólo de bajarles al suelo y convencerles de que se enfrentan, no a una persona más o menos buena, sino a un enemigo mucho más poderoso: el trastorno responsable de sus celos patológicos agresivos. Un trastorno que actúa en la mente de sus afectados, con independencia de su bondad, maldad, consciencia, amor o fuerza de voluntad. Pero además, una vez logramos que comprendan este punto, las asesoramos en su camino de desapego emocional del agresor y las ayudamos a concebir una vida sin él, siempre desde un enfoque constructivo, reparador y muy respetuoso con su autoestima”, informa Santalla, que añade que las víctimas que han atendido se han sentido muy comprendidas y motivadas para iniciar el distanciamiento.
Pero también, en algunos casos, orientan al agresor. Araceli nos comenta un caso real: “Sergio acudió a VISC hace 2 meses pidiendo ayuda: Es consciente de tener un problema grave de celos que le vuelve agresivo con sus parejas y quiere hacer lo necesario para quitárselo de la cabeza o, al menos, mantenerlo controlado. En la primera entrevista, medimos la intensidad con que padece los síntomas e indagamos en su historia para detectar los sucesos más relacionados con su conducta. Con ello realizamos un pequeño diagnóstico que le sirve para conocer mejor el trastorno. Y por último, le pusimos como “deberes de casa” la elaboración de un gráfico de frecuencia de crisis. Un ejercicio que le permitirá saber si sus crisis tienen una frecuencia determinada y si los detonantes que intervienen en el despertar de la crisis son externos o internos. En definitiva, nuestra experiencia nos indica que estos ejercicios incrementan la consciencia de problema propio del agresor, reducen su tensión interior y rebajan su peligrosidad, ya que entiende que no es su pareja la responsable de su malestar, mostrándose más capaz de aceptar sin conflicto su distanciamiento”. Esta información sirve, además, para enriquecer la investigación de terapias específicas.
VISC practica este protocolo de atención a agresores y lo complementa con los folletos de orientación publicados en su web. Sin embargo, la mayor demanda de atención viene por parte de víctimas de todo el mundo, tanto por teléfono, como por mail o en persona. Para ellas, a parte de la orientación personalizada que dedican gratuitamente a cada una, VISC ha elaborado el “Manual de autoprotección para víctimas de violencia en su relación de pareja”, (que pueden descargar en www.visc.es) herramienta con la que saben, están contribuyendo a la seguridad de muchas personas sumidas en esta desconcertante y terrible realidad.
Víctimas y agresores de ambos sexos atendidos por una misma entidad: VISC
Su principal fin es combatir la violencia de pareja por celos patológicos sin distinción de género. Por tanto, atienden a cualquier afectado celoso, hombre o mujer, que admita maltratar por celos y desee iniciar una mejora. Pero también orienta a hombres y mujeres que conviven con estos agresores y cuya principal necesidad, como indica su presidenta, Araceli Santalla, es saber si su pareja tiene solución. “Nosotros asumimos la labor, no sólo de bajarles al suelo y convencerles de que se enfrentan, no a una persona más o menos buena, sino a un enemigo mucho más poderoso: el trastorno responsable de sus celos patológicos agresivos. Un trastorno que actúa en la mente de sus afectados, con independencia de su bondad, maldad, consciencia, amor o fuerza de voluntad. Pero además, una vez logramos que comprendan este punto, las asesoramos en su camino de desapego emocional del agresor y las ayudamos a concebir una vida sin él, siempre desde un enfoque constructivo, reparador y muy respetuoso con su autoestima”, informa Santalla, que añade que las víctimas que han atendido se han sentido muy comprendidas y motivadas para iniciar el distanciamiento.
Pero también, en algunos casos, orientan al agresor. Araceli nos comenta un caso real: “Sergio acudió a VISC hace 2 meses pidiendo ayuda: Es consciente de tener un problema grave de celos que le vuelve agresivo con sus parejas y quiere hacer lo necesario para quitárselo de la cabeza o, al menos, mantenerlo controlado. En la primera entrevista, medimos la intensidad con que padece los síntomas e indagamos en su historia para detectar los sucesos más relacionados con su conducta. Con ello realizamos un pequeño diagnóstico que le sirve para conocer mejor el trastorno. Y por último, le pusimos como “deberes de casa” la elaboración de un gráfico de frecuencia de crisis. Un ejercicio que le permitirá saber si sus crisis tienen una frecuencia determinada y si los detonantes que intervienen en el despertar de la crisis son externos o internos. En definitiva, nuestra experiencia nos indica que estos ejercicios incrementan la consciencia de problema propio del agresor, reducen su tensión interior y rebajan su peligrosidad, ya que entiende que no es su pareja la responsable de su malestar, mostrándose más capaz de aceptar sin conflicto su distanciamiento”. Esta información sirve, además, para enriquecer la investigación de terapias específicas.
VISC practica este protocolo de atención a agresores y lo complementa con los folletos de orientación publicados en su web. Sin embargo, la mayor demanda de atención viene por parte de víctimas de todo el mundo, tanto por teléfono, como por mail o en persona. Para ellas, a parte de la orientación personalizada que dedican gratuitamente a cada una, VISC ha elaborado el “Manual de autoprotección para víctimas de violencia en su relación de pareja”, (que pueden descargar en www.visc.es) herramienta con la que saben, están contribuyendo a la seguridad de muchas personas sumidas en esta desconcertante y terrible realidad.
sábado, 26 de junio de 2010
NOTA DE PRENSA 1 - Asociación VISC
Os adjuntamos esta Nota de Prensa que, esperamos, sea la primera de muchas otras, para que se sepa de nosotros, principalmente, por aquellas personas que, desde cualquier parte del mundo, buscan una orientación que quizá, les aparte de una muerte segura, les recuerde que no están solos y les informe de que trabajamos por un desenlace seguro y moderadamente feliz para cada historia de amor.
VISC, primera asociación contra la violencia de pareja por celos patológicos sin distinción de género.
Hace tan solo año y medio que nació la Asociación Vive Sin Celos (VISC) en Valencia, España. Una organización no gubernamental sin ánimo de lucro creada para combatir la violencia de pareja (como prefieren llamarla, en lugar de violencia de género) desde una nueva perspectiva: los celos patológicos agresivos. Un trastorno para el que, como reconocen especialistas de la talla de Enrique Echeburúa en su libro “Celos patológicos, una emoción destructiva” no existe una investigación controlada dirigida a su tratamiento. Pero como alerta su fundadora y presidenta, Araceli Santalla, tampoco hay especialista que garantice una cura total, ni siquiera una mejora significativa en la mayoría de casos patológicos agresivos. “Y por eso, entre otras cosas, era necesaria una Asociación”, insiste. Porque no sólo están abandonados a su suerte los afectados por este trastorno, sino también sus parejas, que asisten desconcertadas a los vaivenes de una personalidad tan sensible y atractiva por una parte, como destructiva y violenta por otra.
El hecho de enfrentarse a uno de los posibles orígenes de la personalidad maltratadora y atender a muchos de sus afectados, no intimida a la fundadora de VISC, una ex mujer maltratada que escapó a salvo de su agresor gracias a la información que obtuvo del trabajo de campo que realizó en convivencia con él. “Conocer el problema – admite – es la primera herramienta para sobrevivir a él”. Su ex pareja estuvo con varias mujeres antes de conocerla a ella y a todas las maltrató psíquica y físicamente. Ella aprendió, al menos, a evitar las agresiones físicas. Sin embargo, los delirios celotípicos y el maltrato psicológico no cedían. Esto, no obstante, no menguó su lado atractivo y carismático, tampoco para ella, que valoró, además, la consciencia de problema propio de que disfrutaba este hombre y su voluntad titánica y vana por cambiar. “¿Por qué siendo consciente de su problema, deseando cambiar y asistiendo a un psicólogo y a un psiquiatra, este hombre no consigue mejorar?”, se preguntaba. Nadie le dio una respuesta, así que decidió buscarla por sí misma ejerciendo de investigadora autodidacta en la misma boca del lobo. Una decisión muy comprometida que, advierte, no recomienda a nadie.
“Fueron 10 meses entre el cielo y el infierno. Los 10 meses más brutales y aleccionadores de mi vida – reconoce -. Mi ingenuidad fue creer que con mi amor y mi paciencia podría cambiarle”, admite recordando una de las enseñanzas que transmite a las personas maltratadas que acuden a VISC buscando respuestas para enfrentar situaciones parecidas: “El amor no puede cambiarles y las crisis siempre vuelven”. “La gente – continúa Santalla - está muy desorientada a la hora de tratar con un celoso patológico agresivo”. Por eso en VISC han redactado un “Manual de orientación para víctimas de violencia en su relación de pareja” que ofrecen en papel y en PDF a través de su web www.visc.es . En esta página el internauta puede acceder, además, al libro que recoge la investigación, conclusiones y propuestas que Araceli Santalla hace, fruto de su experiencia personal y trato durante 10 años con otros afectados, para el fin de la violencia de pareja. Un libro cuyo título no deja a nadie indiferente: “El machismo no es el problema”, prologado por el escritor y premio Nadal Lorenzo Silva y sobre el que su autora ofrece charlas en diversos ámbitos, desde Ayuntamientos y Asociaciones hasta Congresos Nacionales e Internacionales, haciendo hincapié en su contundente potencial para reforzar la lucha contra esta lacra. De hecho, su proyecto abarca 3 dimensiones: investigadora, social-asistencial y formativa, ofreciendo, por otro lado, una ventaja triple: detección precoz, prevención y rehabilitación.
Pero otra de las peculiaridades de esta Asociación es que no vincula el papel del agresor a los hombres y el de víctimas a las mujeres. Cualquiera puede ser víctima y agresor por celos. De hecho, VISC recibe consultas de mujeres que reconocen maltratar por celos a sus maridos y de hombres que admiten encontrarse totalmente hundidos por los castigos celosos de sus mujeres. Sin embargo, sigue siendo más habitual la llamada de mujeres maltratadas. “Y para todos ellos hay recomendaciones que les permiten tomar las decisiones más compatibles con su felicidad y su seguridad”, informa su presidenta.
En definitiva, nos encontramos ante la primera Asociación en el mundo creada por una ex maltratada y dedicada, mediante voluntarios respaldados por psicólogos, a minimizar los destructivos efectos que los celos patológicos tienen en las relaciones de pareja, contribuyendo, quizá, a que las muertes que lamentamos cada año por este terrible fenómeno, sean algunas menos.
VISC, primera asociación contra la violencia de pareja por celos patológicos sin distinción de género.
Hace tan solo año y medio que nació la Asociación Vive Sin Celos (VISC) en Valencia, España. Una organización no gubernamental sin ánimo de lucro creada para combatir la violencia de pareja (como prefieren llamarla, en lugar de violencia de género) desde una nueva perspectiva: los celos patológicos agresivos. Un trastorno para el que, como reconocen especialistas de la talla de Enrique Echeburúa en su libro “Celos patológicos, una emoción destructiva” no existe una investigación controlada dirigida a su tratamiento. Pero como alerta su fundadora y presidenta, Araceli Santalla, tampoco hay especialista que garantice una cura total, ni siquiera una mejora significativa en la mayoría de casos patológicos agresivos. “Y por eso, entre otras cosas, era necesaria una Asociación”, insiste. Porque no sólo están abandonados a su suerte los afectados por este trastorno, sino también sus parejas, que asisten desconcertadas a los vaivenes de una personalidad tan sensible y atractiva por una parte, como destructiva y violenta por otra.
El hecho de enfrentarse a uno de los posibles orígenes de la personalidad maltratadora y atender a muchos de sus afectados, no intimida a la fundadora de VISC, una ex mujer maltratada que escapó a salvo de su agresor gracias a la información que obtuvo del trabajo de campo que realizó en convivencia con él. “Conocer el problema – admite – es la primera herramienta para sobrevivir a él”. Su ex pareja estuvo con varias mujeres antes de conocerla a ella y a todas las maltrató psíquica y físicamente. Ella aprendió, al menos, a evitar las agresiones físicas. Sin embargo, los delirios celotípicos y el maltrato psicológico no cedían. Esto, no obstante, no menguó su lado atractivo y carismático, tampoco para ella, que valoró, además, la consciencia de problema propio de que disfrutaba este hombre y su voluntad titánica y vana por cambiar. “¿Por qué siendo consciente de su problema, deseando cambiar y asistiendo a un psicólogo y a un psiquiatra, este hombre no consigue mejorar?”, se preguntaba. Nadie le dio una respuesta, así que decidió buscarla por sí misma ejerciendo de investigadora autodidacta en la misma boca del lobo. Una decisión muy comprometida que, advierte, no recomienda a nadie.
“Fueron 10 meses entre el cielo y el infierno. Los 10 meses más brutales y aleccionadores de mi vida – reconoce -. Mi ingenuidad fue creer que con mi amor y mi paciencia podría cambiarle”, admite recordando una de las enseñanzas que transmite a las personas maltratadas que acuden a VISC buscando respuestas para enfrentar situaciones parecidas: “El amor no puede cambiarles y las crisis siempre vuelven”. “La gente – continúa Santalla - está muy desorientada a la hora de tratar con un celoso patológico agresivo”. Por eso en VISC han redactado un “Manual de orientación para víctimas de violencia en su relación de pareja” que ofrecen en papel y en PDF a través de su web www.visc.es . En esta página el internauta puede acceder, además, al libro que recoge la investigación, conclusiones y propuestas que Araceli Santalla hace, fruto de su experiencia personal y trato durante 10 años con otros afectados, para el fin de la violencia de pareja. Un libro cuyo título no deja a nadie indiferente: “El machismo no es el problema”, prologado por el escritor y premio Nadal Lorenzo Silva y sobre el que su autora ofrece charlas en diversos ámbitos, desde Ayuntamientos y Asociaciones hasta Congresos Nacionales e Internacionales, haciendo hincapié en su contundente potencial para reforzar la lucha contra esta lacra. De hecho, su proyecto abarca 3 dimensiones: investigadora, social-asistencial y formativa, ofreciendo, por otro lado, una ventaja triple: detección precoz, prevención y rehabilitación.
Pero otra de las peculiaridades de esta Asociación es que no vincula el papel del agresor a los hombres y el de víctimas a las mujeres. Cualquiera puede ser víctima y agresor por celos. De hecho, VISC recibe consultas de mujeres que reconocen maltratar por celos a sus maridos y de hombres que admiten encontrarse totalmente hundidos por los castigos celosos de sus mujeres. Sin embargo, sigue siendo más habitual la llamada de mujeres maltratadas. “Y para todos ellos hay recomendaciones que les permiten tomar las decisiones más compatibles con su felicidad y su seguridad”, informa su presidenta.
En definitiva, nos encontramos ante la primera Asociación en el mundo creada por una ex maltratada y dedicada, mediante voluntarios respaldados por psicólogos, a minimizar los destructivos efectos que los celos patológicos tienen en las relaciones de pareja, contribuyendo, quizá, a que las muertes que lamentamos cada año por este terrible fenómeno, sean algunas menos.
jueves, 10 de junio de 2010
NOVEDADES JUNIO - JULIO
El pasado martes 8 de Junio, Araceli Santalla fue entrevistada en Radio ARA, de Alboraya, durante 1 hora en donde los periodistas y oyentes pudieron conocer de la existencia de esta Asociación y los proyectos que ofrece para el fin de la violencia de pareja por celos patológicos sin distinción de género. En breve adjuntaremos link a la grabación en nuestra web www.visc.es
El próximo fin de semana del 19-20 de Junio, el prestigioso Doctor y Psiquiatra alemán Wilfrid Von Boch-Galhau nos visitará en Valencia para conocer en profundidad la teoría que fundamenta la existencia de esta Asociación. Ya adjuntaremos resumen de esta entrevista.
El viernes 9 de Julio a las 20h. Araceli Santalla ofrecerá la charla "Celos patológicos y violencia de pareja" en las instalaciones que el Centro de Psicología Integral tiene en la C/ Salamanca, 66, de Valencia. Más información en www.visc.es o en www.psicologiaintegral.es
Por el momento seguimos atendiendo gratuitamente a afectados/as por este trastorno tanto por mail, como por teléfono o en persona, ofreciendo orientaciones para enfrentarlo del modo más compatible con su seguridad. Posiblemente pronto tendremos la demanda suficiente para crear el primer Grupo de Ayuda Mutua de VISC en Valencia. Ya os avisaremos cuando suceda.
El próximo fin de semana del 19-20 de Junio, el prestigioso Doctor y Psiquiatra alemán Wilfrid Von Boch-Galhau nos visitará en Valencia para conocer en profundidad la teoría que fundamenta la existencia de esta Asociación. Ya adjuntaremos resumen de esta entrevista.
El viernes 9 de Julio a las 20h. Araceli Santalla ofrecerá la charla "Celos patológicos y violencia de pareja" en las instalaciones que el Centro de Psicología Integral tiene en la C/ Salamanca, 66, de Valencia. Más información en www.visc.es o en www.psicologiaintegral.es
Por el momento seguimos atendiendo gratuitamente a afectados/as por este trastorno tanto por mail, como por teléfono o en persona, ofreciendo orientaciones para enfrentarlo del modo más compatible con su seguridad. Posiblemente pronto tendremos la demanda suficiente para crear el primer Grupo de Ayuda Mutua de VISC en Valencia. Ya os avisaremos cuando suceda.
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